22.9.08

Despedida de casado

En los últimos tres años, España ha experimentado una transformación jurídica notable, sobre todo en aquellas leyes que regulan el ámbito familiar. Tras pasar por un montón de discusiones, manifestaciones y declaraciones incendiarias (de esas que prometen un pasaje al infierno sin escalas), 2005 fue el año del cambio. En el mes de julio, y con diferencia de una semana, el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Matrimonio Homosexual y la Ley de Divorcio Express. La primera, como resulta obvio, reconoce legalmente la unión de dos personas del mismo sexo y su derecho a formar una familia como cualquier otra, con hijos propios o adoptados. La segunda acelera los trámites de la disolución conyugal, cuya sentencia puede quedar dictada en cuestión de un mes y medio desde que se llama por primera vez al abogado.

Estos cambios, que se prestan al debate y que pueden levantar ampollas en casi cualquier sociedad, son especialmente profundos en un país como España, donde la Iglesia Católica conserva un peso importante y la población civil ha tenido que reponerse a cuarenta años de dictadura. Para entenderlo mejor, alcanza con pensar que la primera Ley de Divorcio de este país se aprobó en 1981, hace apenas 27 años, y que hasta entonces (a diferencia de Uruguay, cuya ley es centenaria), la gente se casaba para siempre, tuviera ganas o no.

Les cuento esto porque el jueves pasado encontré un folleto publicitario que anunciaba la venta de camisetas para 'despedidas de casado, divorcios y separaciones'. Lo estoy viendo ahora mismo, mientras escribo, así que puedo describirlo. Como imagen hay tres modelos distintos con dibujos originales. Y en el texto, que resumo, se expone la siguiente premisa: "¿Hay algo más salvaje que una despedida de soltero? Sí, una despedida de casado. Pensad en una persona casada, cenando pollo durante años y, de repente, la invitan a un buffet libre". No sé si calificarlo como explícito o sutil (quizá tenga un poco de las dos cosas), pero la verdad es que me hizo gracia. Para ser honesta, también me dio en qué pensar.

En realidad, que exista una empresa dedicada a comercializar 'eslóganes pro ruptura' es un síntoma muy claro de cómo ha cambiado la percepción social del divorcio. El año pasado hubo 130.000 disoluciones conyugales y en el primer trimestre de 2008 se registraron 365 al día. Para decirlo de un modo más claro, en España se termina un matrimonio cada 3,7 minutos. Este promedio ­-que a muchos les sorprenderá- no sólo sitúa al país como el primero de la Unión Europea en materia de 'hasta luegos', también refleja que los divorciados ya no son minoría. En consecuencia, un estado civil que hasta hace poco era sinónimo de fracaso o que se intentaba ocultar, ahora empieza a sacudirse los estigmas y hasta anunciarse a los cuatro vientos. Además de esas camisetas, hay quienes celebran fiestas e, incluso, confeccionan una lista de regalos (como en las bodas) por si salieron mal parados en el reparto de los bienes.

Las estadísticas son una perita en dulce para los detractores de la ley 'express'. Dicen que ha desvirtuado el valor de la familia y la seriedad del compromiso; que mucha gente no se toma en serio la responsabilidad del matrimonio. Para sus promotores, en cambio, esos mismos números significan algo distinto. Sostienen que si la tasa de divorcios se ha triplicado desde 2005 hasta hoy, es porque la gente ahora utiliza las ventajas del nuevo sistema para actuar en consonancia con sus sentimientos; que ya no hay impedimentos legales (ni morales) para deshacer lo hecho e intentar ser feliz. El debate está servido y es probable que una misma persona sienta afinidad por las dos posturas. En cualquier caso, la pregunta es si realmente se ha trivializado al matrimonio como institución o si la ley recoge de un modo más realista las relaciones humanas.

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