3.4.09

Un plan seguro para el último viaje

Los seguros de repatriación han experimentado un auge en los últimos años gracias a la llegada de personas extranjeras. Para muchos inmigrantes y sus familias, contratar estas pólizas supone un alivio y una tranquilidad al trazar su proyecto migratorio. Actualmente, casi todas las entidades bancarias y empresas aseguradoras ofrecen servicios que garantizan el traslado del cuerpo a su país de origen.

Las noticias sobre inmigración suelen hacer hincapié en los números. Algunos datos, como la cantidad de extranjeros que residen en Euskadi o el porcentaje de inmigrantes que se encuentran en el paro, son de dominio público, están al alcance de todos. Sin embargo, muchas veces se pasa por alto que detrás de las cifras hay personas; hombres y mujeres que viven lejos de sus países, sus familias o sus hábitos culturales. Y que, precisamente por ello, además de “buscarse la vida”, acaban planteándose qué hacer ante la muerte.
No es agradable pensar en los fallecimientos y, mucho menos, planificarlos. De hecho, casi nadie se para a meditar sobre el tema hasta que tiene una cierta edad o se encuentra en alguna situación que le obliga a prever las cosas seriamente, como padecer una enfermedad terminal o trasladarse a un nuevo país y descubrir que se está indefenso y solo. Para cualquier emigrante, empezar desde cero en un ambiente desconocido y sin la proximidad de sus afectos es un reto. Para cualquier familia, tener a uno de sus miembros lejos es un gran desafío. Pero que esa persona muera a miles de kilómetros de distancia, además del dolor, representa un problema muy serio.
Hace pocas semanas, a finales de febrero, una mujer nicaragüense murió atropellada en Donosti. Se llamaba Audia Isabel Castro, tenía sólo 43 años y su historia conmovió a la sociedad vasca y a la colectividad latinoamericana por igual. Audia era madre soltera y había llegado a Guipúzcoa hacía apenas un mes. El motivo: Trabajar para mantener a sus dos hijas, de 15 y 9 años, que se quedaron esperándola en Ocotal y que ya no la volverán a abrazar porque también se quedaron huérfanas.
Las cosas no salieron bien para Audia, que ya había intentado venir antes a España sin éxito, y que ahora, cuando por fin conseguía un trabajo, un accidente convirtió sus sueños en la peor pesadilla de sus niñas. Mientras su cuerpo sin vida yacía en el Instituto Anatómico Forense, los nicaragüenses que residen en Guipúzcoa iniciaron las gestiones para repatriar los restos. Así descubrieron que el proceso costaba 4.000 euros y que el consulado de su país no disponía de fondos para atender este tipo de sucesos.
Aunque la historia de esta joven mujer es dramática y, quizá, un tanto extrema, para cualquier persona que emigra es fácil ponerse en su piel. Nadie tiene la vida comprada y lo que le ocurrió a Audia podría pasarle a cualquiera. De ahí que, en los últimos años, los seguros de repatriación hayan experimentado un gran auge entre los extranjeros que residen en España. Actualmente, casi todas las entidades bancarias y las empresas aseguradoras disponen de pólizas especialmente diseñadas para este sector de la población que, si bien va adquiriendo con el tiempo un mayor poder adquisitivo, sigue siendo muy vulnerable cuando ocurre algo imprevisto.
Oferta variada
Los seguros de repatriación existen desde hace tiempo como un producto más de los que ofrecen las aseguradoras. No obstante, la llegada de inmigrantes ha provocado un gran cambio en el mercado, al punto de que estas pólizas se han transformado en los ‘paquetes estrella’ de muchas firmas. Originalmente, los servicios de repatriación venían incluidos en los seguros de viaje y estaban pensados para españoles que se trasladaban al exterior por placer o por negocios. Ahora, el público se ha ampliado y los principales clientes son extranjeros que viven aquí.
La oferta, por supuesto, es variada, tanto en los requisitos que se le exigen al asegurado, como en las prestaciones y los costes. Aun así, hay algunos servicios de base que están presentes en casi todas las pólizas. El traslado del cadáver al país de origen, con todos los trámites y las gestiones que ello implica, es el primero, pero no el único. Los seguros también contemplan un billete de ida y vuelta para que un allegado acompañe los restos mortales en el viaje, ya sea partiendo con el ataúd desde aquí o viniéndolo a buscar desde el país donde será sepultado.
Algunas firmas cubren, a-demás, el trayecto desde el aeropuerto de destino hacia el cementerio y contemplan un monto de dinero para los gastos del sepelio. Otras, en cambio, pagan a los beneficiarios del difunto si su muerte se produce por accidente, como ocurrió en el caso de Audia. La cuantía también es variable, pero oscila entre los 10.000 y los 30.000 euros.
En cuanto al coste y los requisitos, no existe un único modelo. En promedio, estas pólizas valen unos 70 euros al año, aunque las hay más caras, más baratas y, también, gratuitas. Este último tipo es el de algunos bancos, que ofrecen el servicio sin coste para sus clientes extranjeros. No obstante, el precio suele determinarse en función del país de procedencia y la edad del asegurado.

Más allá de las particularidades de cada póliza, lo cierto es que cada vez más inmigrantes contratan estos seguros. Aunque, en general, los extranjeros que residen en Euskadi son jóvenes y sanos, la distancia y la vulnerabilidad hace que muchos se ocupen de prever la muerte además de buscarse la vida.

En sí, lo que les motiva para interesarse por los seguros de repatriación es la preocupación por sus seres queridos; tanto por los que han quedado en sus países como por los que han viajado aquí con ellos. Si afrontar la pérdida de un familiar ya es de por sí un trago amargo y si todas las gestiones de un deceso son engorrosas y caras, cuesta imaginar lo duro que es para un padre, una madre, un hijo o una esposa que estén al otro lado del mundo manejar la situación a distancia.

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