18.10.08

"Si en tu casa no hay comida, tocas la puerta de tus vecinos"

Socorro Rincón llegó a Euskadi hace siete años junto a su marido. Se marcharon de Colombia cuando la situación se volvió insostenible y empezaron a temer por sus vidas. Allí estaban amenazados, aquí son refugiados políticos. Por eso, además de buscar la normalidad, se han sumado a varias iniciativas para mejorar la situación de los inmigrantes.

El martes pasado, en la víspera de la ratificación del Pacto Europeo de Inmigración, numerosas asociaciones de extranjeros residentes en distintos países de Europa convocaron a una huelga. Bajo la consigna 'el 14 de octubre de no trabaje, no consuma, no compre, no venda. Que se sienta la importancia real de la presencia del migrante', las asociaciones pretendían, por un lado, manifestar su rechazo a las nuevas medidas y, por otro, demostrar que la presencia extranjera forma parte del motor económico y social de los países que le reciben.

En Vitoria, si bien no hubo un llamamiento a la huelga, sí tuvo lugar un acto público de denuncia al contenido del Pacto. Reunidos en el Hikaateneo de la capital alavesa, diversos representantes sindicales, asociaciones de extranjeros y ONG de integración intercultural expresaron su desacuerdo con la nueva normativa, que endurece la política migratoria de la UE, y anunciaron una concentración frente a la Subdelegación de Gobierno para el jueves.

Entre los miembros de la convocatoria se encontraba Socorro Rincón, una psicopedagoga colombiana que llegó a Euskadi junto con su esposo en 2001 solicitando asilo político. «La situación en mi país es muy mala, sobre todo para quienes son defensores de los Derechos Humanos. Ambos estábamos amenazados y temíamos lo peor. Cómo sería la situación que el propio Ministerio de Interior de Colombia nos pagó los billetes de avión para irnos», recuerda.

Eligieron el País Vasco porque aquí tenían amigos y creyeron que sería un buen lugar para volver a empezar. «El primer lugar donde vivimos fue Otxandiano, un pueblo precioso que nos recibió maravillosamente durante los tres años que residimos allí. En las fiestas, cantábamos en euskera aunque no sabíamos el idioma, pero así llegamos a conocer bien la cultura vasca y nos dejamos medio corazón en el pueblo».

Se mudaron a Vitoria porque echaban de menos la vida de ciudad y porque querían conocer a más gente. «La idea siempre fue seguir trabajando por nuestro país y por las personas extranjeras que llegan», dice Socorro, que integra varias asociaciones de ayuda e integración cultural. La tarea, como dice, no es fácil, pues «además de los estereotipos que existen en la población local, también hay desafíos ante la población inmigrante. Hay muchos colombianos que están de acuerdo con la política actual, con la sumisión de nuestro país a Estados Unidos y no se cansan de decir que todo es maravilloso en Colombia. Y, sin embargo, están aquí».

Crisis y xenofobia
Desde su punto de vista, la situación latinoamericana es muy mala. «No sólo ha habido constantes saqueos en el continente, también hay gobiernos corruptos. Cuando converso con otros inmigrantes, casi siempre me cuentan lo mismo: que se han ido porque no hay trabajo, porque pasaban hambre. Si en tu casa no hay comida, tocas la puerta de tus vecinos para pedirles ayuda. Con la emigración pasa lo mismo», compara.
En cuanto al Pacto Europeo de Inmigración, Socorro sostiene que es «absurdo. La gente que emigra no viene a pasear. Huye de los gobiernos corruptos, viene a trabajar -enfatiza-. El blindaje de Europa dificulta la integración, y más en una época como esta, en la que todos sufrimos la crisis económica y financiera». Como suele suceder ante un quiebro, los ciudadanos buscan responsables. «Es lógico -dice Socorro-. Lo triste es que se culpe a los extranjeros de ello. El racismo y la xenofobia aumentan cuando hay una crisis y es duro escuchar comentarios en la calle cuando tú también trabajas y no tienes la culpa».

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