22.11.10

"Busco un lugar para celebrar nuestra cultura en paz"

Residente en Vizcaya desde hace 14 años, el comerciante marroquí Brahim Essadi reivindica el derecho a tener una mezquita en la Margen Derecha


El miércoles pasado, la comunidad islámica afincada en Euskadi celebró la Fiesta del Cordero o 'Aid Kbir', un acontecimiento «tan especial como Ramadán» que tiene lugar todos los años. Mientras millones de peregrinos acudían a La Meca, cientos de musulmanes residentes en el País Vasco se daban cita para conmemorar el momento en que Abraham, según el Corán, estuvo a punto de sacrificar a su hijo Ismael hasta que Dios le ordenó que ofrendara un cordero en su lugar.

Entre las personas que asistieron a la ceremonia se encontraba Brahim Essadi, un miembro muy activo y respetado en la comunidad islámica de Euskadi. Residente en Vizcaya desde hace 14 años, propietario de un locutorio en Leioa, padre de tres niños pequeños e integrante de la familia árabe más numerosa del País Vasco -que suma «unas ochenta personas, entre primos, sobrinos y demás»- este marroquí de trato afable y cordial oficia de puente y de nexo entre dos culturas distintas. Lo suyo es buscar la integración social, la convivencia pacífica y el respeto de la diversidad religiosa.

«Nos gustaría fundar una mezquita en la Margen Derecha. Y llevamos mucho tiempo intentándolo, pero hasta ahora solo hemos encontrado obstáculos y reticencias», expone Brahim, que se encuentra «muy sorprendido» por las barreras administrativas y sociales con las que se ha topado en el camino.

«Nuestra asociación había encontrado una lonja en Getxo, pero los vecinos no querían saber nada con nosotros. Decían que íbamos a molestar y se opusieron tajantemente. Luego encontramos otra, más apartada, e invertimos unos 6.000 euros en acondicionarla. Pues bien, las autoridades municipales no tardaron en precintarla argumentando que no teníamos licencia. Al final, hemos perdido lo que hemos invertido y lo que no tenemos es un centro de oración», relata este comerciante de 49 años antes de subrayar su «indignación» con las administraciones que «dan licencias para montar discotecas, pero no para fomentar la religión y la cultura».

Para Brahim, «es una pena que haya tanto desconocimiento sobre los demás. Es verdad que siempre hay gente deshonesta, pero eso no tiene nada que ver con las creencias religiosas o con la procedencia -opina-. Nuestra fe, por ejemplo, está muy mal considerada debido a lo que se ve en los medios de comunicación, pero el Islam no tiene nada que ver con el terrorismo ni con tonterías. Nosotros solo queremos un lugar para reunirnos y celebrar nuestra cultura en paz», enfatiza.

Aprovechar la suerte
Antes de abrir el locutorio, comprar un piso en Sondika y formar una familia, Brahim y su mujer, Mahjouba, trabajaron durante diez años al cuidado de una señora mayor. «Vivíamos con ella, la atendíamos, la llevábamos a todas partes y cuidábamos la casa», cuenta a modo de resumen, con orgullo. «Si hoy tenemos una casa y un negocio propios es porque durante todos esos años trabajamos mucho los dos y ahorramos cuanto pudimos, no porque recibamos subvenciones», explica.

«La gente tiende a pensar que los extranjeros tenemos ayudas de todo tipo, y no es cierto. Al revés; muchos de nosotros las damos al colaborar con entidades benéficas. Es verdad que mi esposa y yo tuvimos mucha suerte al encontrar un buen trabajo, pero también supimos aprovecharla. Somos tan trabajadores y tan ciudadanos como cualquier persona de aquí, por eso me duele tanto que se vulneren nuestros derechos», indica Brahim. Y pone un ejemplo práctico: «El cementerio de Derio es el único de Vizcaya adaptado para funerales musulmanes, pero solo pueden ser enterrados allí quienes residen en Bilbao. Los demás, aunque estemos al lado, tenemos que ir a Zaragoza o a Marruecos, con todos los gastos que eso conlleva. ¿Por qué?».

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