21.6.10

"Los bolivianos de Euskadi necesitamos un consulado ágil"

El arquitecto boliviano Marco Ramírez Treviño denuncia que sus compatriotas están «desatendidos» y por ello acaban «cayendo en manos de las redes de tramitadores»




Se marchó de Cochabamba hace diez años para cursar un posgrado y ver mundo. Aunque trabajaba en una alcaldía como jefe de Normas Urbanas, Marco Ramírez quería algo más. «El aparato estatal y su funcionamiento tienen sus condicionantes», explica este arquitecto que prefirió la formación profesional a la seguridad de un trabajo. Tras evaluar sus opciones, decidió inscribirse en la Universidad Politécnica de Valencia para hacer un doctorado en Urbanismo, Territorio y Sostenibilidad. «Mi hermano ya vivía en la Comunidad Valenciana, y eso me alentó a dar el paso. Estuve allí tres años y medio, hasta que me otorgaron una beca para hacer una especialización en la UPV sobre Ordenación y Gestión del Territorio. Esa es la razón por la que estoy aquí: vine a hacer un curso a Bilbao y aquí me quedé».

La frase es un buen resumen, aunque la historia no es tan lineal, pues cinco años después de marcharse, Marco regresó a Bolivia. «Llevaba mucho tiempo fuera y quería ver por mí mismo cómo estaban las cosas. Incluso pensé en quedarme, ya que me ofrecieron trabajo. El problema es que me propusieron asumir un cargo público, de designación política, que no tenía asegurada la continuidad. Honestamente, no era lo que buscaba, y preferí volver al País Vasco».

Marco explica que, en su país, la capacidad de ahorro es mínima y que, debido a ello, «mucha gente con formación decide marcharse y buscarse la vida fuera». Añade que tuvo suerte, pues contó con el apoyo de sus padres para estudiar y viajar. Si bien el perfil del inmigrante es variopinto, sostiene que entre los extranjeros «hay muy buenos profesionales y, sobre todo, personas capaces de hacer trabajos de calidad, aunque no siempre tienen la oportunidad de demostrar lo que valen. Hay que romper con el estereotipo del latinoamericano chapucero, con el menosprecio y con la explotación».

En su caso, agradece haber tenido la ocasión de poner en práctica sus competencias y, de hecho, subraya que le fue más facil integrarse aquí, en el norte. No obstante, tardó en abrirse un hueco. «Empecé a trabajar en lo que había o en lo que podía, y fue muy duro. La experiencia me sirvió mucho como persona y como profesional, para valorar más el trabajo de los otros. Trazar una línea en el ordenador es fácil; fabricar una viga, no. Ahora sé lo que cuesta construir un metro cuadrado de muro», dice.
«Las cosas no funcionan»
Marco también sabe lo que cuesta obtener un permiso de trabajo y residencia para legalizar la situación administrativa. El proceso de estudiante a autónomo fue largo. En ese sentido, remarca que sus compatriotas están «desatendidos» y que esa realidad deriva en otras más problemáticas, como la aparición de los 'tramitadores'. «Me he reunido un par de veces con nuestra embajadora en Madrid para explicarle que los bolivianos de Euskadi necesitamos un consulado ágil. Hoy por hoy no lo tenemos. Las cosas no funcionan como deberían y, al amparo de esas carencias, han surgido personas que se aprovechan de las necesidades ajenas», explica.

Los 'tramitadores' son buena prueba de ello. «Son particulares que se encargan de conseguir los documentos que necesitas traer de tu país para hacer trámites importantes aquí; por ejemplo, un certificado de antecedentes penales, o una partida de nacimiento. Se supone que eso es tarea de un consulado, pero la gente acude a ellos porque son más rápidos. Claro que estos individuos te cobran los trámites tres o cuatro veces más caro de lo que cuestan en realidad, y de esos ingresos no declaran nada. Se forman redes, es un secreto a voces, y eso no puede ser», denuncia Marco, visiblemente indignado.

«Queremos instaurar un consulado capaz de frenar ese tipo de cosas, que nos acaban desprestigiando a todos», señala este arquitecto, que ya ha dado los primeros pasos: «La comunidad boliviana en Euskadi roza las 12.000 personas. Fíjate si la necesidad será grande, que ya hemos reunido más de 2.000 firmas».


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