1.6.09

Lo menos malo

Me gustan las viñetas de humor gráfico que aparecen en los periódicos porque, cuando son buenas, consiguen cosas que los periodistas nos proponemos a menudo pero no siempre alcanzamos. A saber: claridad, concisión, profundidad y capacidad de síntesis a la hora de transmitir un mensaje. Los dibujantes, además de artistas, son muchas veces retratistas de la sociedad en la que vivimos, captan en un recuadro situaciones que a otros nos llevarían páginas enteras describir, van directo a la idea matriz e, incluso, logran trazar una sonrisa cómplice en la cara del lector. Aunque por lo general se los relega a un segundo plano o se los coloca (injustamente) en la parcela del entretenimiento y el pasatiempo, la verdad es que encarnan el ideal de cualquier periodista o crítico social. Como comunicadores son la bomba.

Precisamente este sábado, mientras leía el diario, me topé con una viñeta maravillosa e incisiva que firmaba Manel Fontdevila, uno de los autores gráficos más reputados de España. La acción transcurría dentro de un único recuadro en el que había un niño enjuto, sombrío y triste, y un sacerdote opulento, severo y vestido con la más estricta etiqueta de idolatrar (esto es, con cruz de oro gigante y capita sobre la sotana). El niño, llorando y con gesto visiblemente consternado, se acercaba al cura y le decía: "Padre, me han violado". Y el sacerdote contestaba: "¡Seis padrenuestros y tres avemarías!... ¡Y si ha sido con preservativo, el doble!".

Aunque parezca un sinsentido y hasta haga reír por su corte absurdo, lo cierto es que no tiene nada de gracioso, ni de fantástico o irreal. Ese diálogo imaginado por Fontdevila está basado, por desgracia, en la más pura actualidad y refleja a la perfección lo mal que andan las cosas en los sectores más conservadores de la Iglesia y en los partidos más casposos de derechas. No es casual. A una semana de las elecciones europeas (el nuevo Parlamento se elige el próximo domingo), ya pueden ustedes imaginarse cómo está el ambiente por acá. Campañas, debates, propaganda hasta debajo de las piedras, folletos que se reproducen como hongos en los buzones de las casas... cada uno hace lo que quiere, puede o le dejan para asegurarse un escritorio y un sillón de terciopelo.

Y, claro, en medio de toda esa vorágine empiezan a salir los trapos sucios, las acusaciones, las promesas sin cumplir, las mentiras y todo aquello que sea útil para mantener vivo el debate y llevar a la gente a las urnas. Cada tanto se ve o se oye una propuesta electoral, pero es lo de menos, ya que en términos generales lo que se votan son las filias o las fobias de cada quien (y todos sabemos que no hay nada más irracional que las pasiones y los miedos). En fin... la cuestión es que, hacia en interior de cada país, vuelan piedras para todos lados.

Si en Italia se ha instaurado una especie de culebrón entre Berlusconi y su mujer (que se pelean y reconcilian a través de los periódicos) y se ha debatido sobre la viabilidad de llevar a jóvenes modelos como diputadas para alegrar un poco la vista del Parlamento, aquí en España, como siempre, la batalla es entre el PP y el PSOE. La última piedra arrojadiza tenía forma de avión, porque acusaba a Zapatero de usar la aeronave presidencial para ir hasta un pueblo a hacer campaña a favor del candidato de su partido. Después, el PSOE acusó al candidato del PP, Jaime Mayor Oreja, de usar el coche oficial para ir a misa los domingos. Ayer mismo leía que Aznar usó un helicóptero militar para una cena del PP cuando era presidente... Ya saben ustedes qué leyes físicas operan cuando se pone alguna materia delante del ventilador.

Así y todo, entre tanta discusión banal, salen a la superficie otras cosas más graves, porque gran parte de esta campaña se articula en torno a las convicciones morales y las creencias religiosas, y ahí sí que estamos todos fritos. La derecha está más exacerbada que nunca y hace campaña, por ejemplo, en contra de la reforma de la Ley del Aborto; una práctica médica que aquí es legal desde hace décadas pero que, como norma, necesita una actualización. La Iglesia, evidentemente, suscribe a la causa antiabortista y, no satisfecha con eso, da varios pasos más. "Abortar es asesinar", dicen. Y uno, que es plural y democrático, acepta que tengan esa convicción. "El preservativo es malo", asegura el Papa en África, el continente más castigado por el sida. Y uno, que no comulga con eso, refunfuña o se manifiesta, pero aguanta. "Abortar es un pecado más grave que abusar de un niño", dice un cardenal español (Antonio Cañizares). Y uno, que no sabe dibujar, escribe esta columna.

No hay comentarios: