2.8.04

En guardia permanente

Desde su silla de ruedas, la esgrimista Gema Hassen-Bey representará a España en los Juegos Paralímpicos de Atenas; luego, protagonizará una ópera en San Sebastián


Hay sillas por todas partes, lo normal en cualquier bar, pero no hay clientes y el camarero ha tenido tiempo de acomodarlas con cuidado. Mantienen equilibrio así, echadas hacia adelante, con el respaldo apoyado sobre las mesas y las patas de atrás suspendidas en el aire. Están dispuestas de tal manera que dificultan el paso. Moverlas para abrir un camino requiere demasiado esfuerzo y sortearlas tampoco es una opción sencilla. En realidad, molestan. Gema Hassen-Bey no las necesita para nada, más que para eludirlas, porque tiene una propia, diferente, con pequeñas luces de colores en las ruedas delanteras. Desde el ángulo de la paraplejia, un bar desierto puede transformarse en un campo minado en cuestión de segundos.


Levanta la cabeza y estudia el entorno. «Por este sitio no voy a caber». Mira otra vez. Gira a su izquierda. «Es mejor por aquí, más fácil». Un minuto después, Gema está sentada junto a la mejor mesa y espera sonriente que la atiendan. «Lo que ha pasado ahora me sucede siempre. Hay muchos sitios que no están preparados para las personas con discapacidad, pero al final termino encontrando un camino alternativo. Lo bueno de este tipo de problemas es que despierta el ingenio y la creatividad». Y ella dispone de estas cualidades a raudales: esgrimista de silla, representará a España en los próximos Juegos Paralímpicos de Atenas.


Llega su refresco. «Es lo máximo que me puedo permitir en época de entrenamiento», se disculpa, divertida, con el vaso en la mano. La misma exigencia que se ha aplicado desde el día en que, siendo niña, quedó postrada en la silla de ruedas. «Sufres un accidente y, de pronto, tu situación cambia. Descubres que eres diferente y que estás en un mundo que no ha sido pensado para ti». La versatilidad es una lección que ha aprendido con dureza, desde los cuatro años, cuando un accidente de coche le cortó la médula. Y la posibilidad de caminar.

Polifacética
No sólo se llama Gema, también lo es. Como las piedras preciosas, ella es una mujer polifacética de aristas esculpidas. Deportista de elite, también canta ópera, compone canciones, es licenciada en Ciencias de la Información y actriz. En resumen, un pequeño cristal capaz de refractar la luz en múltiples direcciones, que hace de su fragilidad, su fortaleza; de las barreras, su impulso, y que sale, decidida, a enfrentarse al mundo con la espada y con su voz.


De todas las actividades que realiza, no sabe cuál destacar, porque «eso depende del momento en que esté». Hoy es deportista y el objetivo es Atenas, donde competirá el 18 y el 22 de septiembre. Pero después, a su regreso, será soprano y protagonizará una ópera en San Sebastián, «la primera que se escribe con una temática de discapacidad para una soprano ligera que también está discapacitada», dice, orgullosa. Más adelante, volverá a los escenarios con Marina Oroza. «Hacemos un diálogo. Ella recita y yo canto. Hemos dado con algo diferente, con una mezcla bonita de música electrónica y poesía». Los ojos se le iluminan. Está evocando la magia de los conciertos.


«Lo mejor que te puede pasar es no repetir fórmulas». Con 37 años, Gema Hassen-Bey ha tenido tiempo de llevar adelante proyectos diferentes. Ha competido en tres Juegos Paralímpicos (Barcelona, Atlanta y Sydney) y ha sido medallista en dos de ellos. Pero también ha comparecido ante una comisión especial del Senado en 2002 para reivindicar la importancia del deporte, y ha protagonizado un corto dramático (‘Sobre ruedas’, 1996) dirigido por Chus Gil. No es todo. Estudió publicidad, trabajó dos años en la multinacional Hewlett Packard creando «entornos de trabajo favorables para personas diferentes» e interpretó una serie de ETB (‘Alquilados’, 2001). Como colofón, colabora con la asociación Mujer y Deporte y ha sido la única relevista discapacitada en portar la llama olímpica a su paso por Madrid, el pasado 27 de junio.


La antorcha, apagada, descansa ahora sobre su regazo dormido. La levanta y la enseña con ilusión. «Ya no tiene gas. Lo poco que le quedaba se agotó en el Hospital de Parapléjicos de Toledo». Una lesión en la pierna la acercó nuevamente al quirófano a principios de julio. «Los últimos días los pasé de habitación en habitación animando a la gente que llegaba. Ellos decían: ‘Quiero andar’, y yo les contestaba que es más importante vivir. Les explicaba que tenían que luchar y demostrar que sí podían hacer las cosas que se propusieran. Algunos respondían que preferían morirse». Y entonces les mostraba la antorcha.


De su convalecencia se acordó después, cuando la herida le pasó factura en forma de dos semanas
de reposo cuando debería encontrarse entrenando. «No parto de una mala trayectoria, pero sí de una mala situación –lamenta, ante la proximidad de los Juegos–. Eso me preocupa. Me es difícil pensar que estaré tanto tiempo quieta. Tengo ganas de entrenar ya mismo, pero debo medirme».


Un segundo de descuido
La concentración es necesaria para practicar la esgrima de a pie. Pero es indispensable para ‘tirar’ desde una silla inmóvil. Así compite Gema Hassen-Bey, sentada, separada de su adversario por una distancia fija. «Un segundo de descuido es un tocado», apunta. «En la esgrima común, si el tirador está agobiado, retrocede y puede recuperarse. Nosotros no tenemos esa ventaja y entonces desarrollamos más la técnica de brazo. Muchas veces practico con los compañeros de la sala. Ellos se sientan, entran en nuestro medio y, como es lógico, al principio les ganamos. Pero después evolucionan. Incluso me han comentado que utilizaron esas prácticas en algún campeonato, como un arma a favor».


Figura entre las diez primeras espadachines parapléjicas del mundo y eligió este deporte porque simboliza su actitud ante la vida. Y aunque se ha subido al podio en cuatro oportunidades, todavía recuerda el primer combate. Sintió diferentes emociones, salvo miedo. «Me divertí y enganché enseguida. Fue con Eliodoro Martín, mi primer maestro. No lo conocía, pero en cuanto lo vi dije: ‘Es él’. Como para no reconocerlo, si tenía una pinta increíble de mosquetero. ¡Era como ver a la reencarnación de D’Artagnan!». Ahora, se impacienta ante el próximo desafío. «Me jugaré la medalla con Polonia y Alemania. Tienen más recursos, pero daré lo mejor de mí. Lo principal es la decisión, lanzarte para conseguir las cosas. Y si te paran, entonces sí, reaccionar».


"Nos están desaprovechando"


En puertas de los Juegos Olímpicos, una de las principales preocupaciones de Gema Hassen-Bey es la situación actual del deporte paralímpico; a su juicio, aquejado por un desarrollo extremadamente lento debido a la poca vista de los patrocinadores. Como publicista, considera que «cualquier marca que apoye a los deportistas con discapacidad se revestiría de una imagen muy positiva», pero, como competidora, lamenta que las mismas empresas que los respaldan «mientras ganamos medallas», después no les ofrezcan trabajo. La esgrimista sostiene que ambos mundos, el deportivo y el laboral, tienen «muchos puntos de contacto» y que el hecho de no contratar a los discapacitados es un «desaprovechamiento de recursos».


«El deportista desarrolla una formación que sería impagable para cualquier empresa: ya sabe lo que es la competencia, el trabajo en equipo, perseguir un objetivo y enfrentarse a los problemas –argumenta Hassen-Bey–. El trazado de nuestra carrera debería ser mucho más integral y contemplar el aspecto académico. De esa manera, se obtendrían profesionales mucho más completos».


Y enfatiza: «Los deportistas de elite llevan la bandera de su país; España no les puede decir ‘bueno, hasta luego’ cuando acaba la competición». La escasa difusión de los Juegos Paralímpicos también es una espina que, a veces, se clava con más dolor que el florete del rival. «En Sydney, nuestra participación fue seguida en iguales condiciones que la de los competidores olímpicos. Fuimos portada de los periódicos. No puede ser, por tanto, que al regresar a España nadie haya hecho énfasis de las 109 medallas que ganamos. ¿Cómo se puede obviar algo así?».


Gema califica esa baja promoción como «una asignatura pendiente de los medios» y espera que la cobertura aumente este año. «No sé cuál es el baremo para que unos deportes entren tanto y otros no –dice–, pero la televisión debería darnos más tiempo. Representamos a nuestro país. Estamos haciendo un servicio. No es posible que nos cueste tanto llegar y que, además de las dificultades físicas, tengamos que luchar con otros impedimentos».


Aristas de artista


Tras los próximos Juegos, el uniforme de esgrima cambiará por un diseño de Paco Rabanne, la pista cederá paso al escenario y Gema Hassen-Bey bajará la espada para alzar la voz. San Sebastián la verá diferente, desprovista de estrategias, protagonizando una ópera de cámara. Dos públicos distintos, la misma mujer. «‘El Acomodador’ es un proyecto muy bonito que casi se ha apoderado de mí», relata emocionada. «Un día me llamó Enrique Santiago para decirme que había creado un personaje pequeñito basado en mí. Fue una gran noticia. Pero luego volvió a llamar y me dijo que el personaje había crecido. Tanto creció que se convirtió en protagonista».


Santiago, autor y director de la obra, ya había trabajado con ella en ETB cuando se grabó ‘Alquilados’, una comedia tipo ‘Friends’ interpretada por varios jóvenes que convivían en una casa. «Había un personaje homosexual y también estaba el mío, en silla de ruedas», recuerda. Una serie de trece capítulos que elogia por la manera en que se abordó la discapacidad y la diversidad. «Enrique rompió los esquemas –resume–. Para cambiar de vestuario había poco tiempo, y al principio pensó que trabajar con una actriz en silla de ruedas limitaría mucho los movimientos. Sin embargo, yo llegaba al plató haciendo un derrape o un caballito. Me colocaba y decía: ‘¡Ya estoy!’. Esa movilidad le sorprendió mucho». La actriz explica que la experiencia de ‘Alquilados’ acreditó que «realmente se puede trabajar muy bien con personas discapacitadas».


Pero, por encima de la actuación, «la música es el alma» para esta mujer que, a pesar de buscar el éxito, valora más el fracaso. «El primero es social. Desde el segundo se crea». Aunque le gustan todos los estilos, prefiere la «fusión electrónica ». Compone y escribe los versos de sus canciones y las interpreta «no como un acto de exhibicionismo, sino como una entrega de intimidad». Su voz, más que cualquier otra cualidad, refleja su sentir. «Cuando canto todo está allí: lo que soy, lo que pienso, las cosas que me pasaron. Siento pudor; como si estuviera desnuda». De convicciones profundas, su mejor arma es la iniciativa. «Si te mueves tú, el mundo se mueve contigo. Así provocas cambios».

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